10: Me quieren, todos son planes as.

Empezamos una vez más. Otro año. Otra historia que fue formada por las anteriores. Segundo de bachillerato. Primer semestre.

Primero el contexto: en las vacaciones me había caído de un caballo -el ocho de agosto, ¡ja!-, había terminado en el hospital porque me desmayé dos veces y me quedaron chuecos los brazos a la altura de los codos. Fue lo primero que conté a mis amiguitos de salón cuando entramos. Había un niño nuevo llamado Jose Miguel. Su cara fue de espanto el primer día. Quiero decir, entre mis patoaventuras durante las vacaciones, y aquello de lo que TODOS hablaban referente a los maestros idos y los nuevos. Caí en cuenta entonces que -como grupo- nos estábamos conformando para uno de los últimos jalones. El penúltimo año.

Para ser sincera, lloré mucho en las mañanas este primer semestre. Me sentía sola. De una manera diferente. Con esperanza y ganas de lucha. Extrañaba mucho a dos que tres de los idos -alumnos y maestros- y nada iba mejor cuando recordaba los pocos meses que le quedaban a Nerid en México. Mi única manera -y la más eficiente- de sublimar esa tristeza fue haciendo algo por la escuela y en un siguiente nivel, por el país. Justo así fue que empezó el proyecto de los representantes de grupo. Dos de cada salón, gente interesada por la situación y dispuesta a participar en las actividades del cambio. Todos juntos íbamos a trabajar para dejar de lado y superar la crisis que antes nos había golpeado brutalmente.

Los primeros meses, recibí visitas inesperadas que me hacían no morir de desolación. (Suena exagerado ahora, pero así lo sentía en aquellos tiempos) Salía con los idos en algunas ocasiones, pero sentía nostalgia que, intentáramos lo que intentáramos, nada era lo mismo.

La novatada fue realmente agradable. No era algo que esperaba, puesto me me molestaba que particularmente fuera un evento que no se centraría en mí, a la hora de contarlo en casa, sino en mi hermano, que entraba apenas a primero de secundaria. Era el paso transitorio que indicada un intruso cercano en SIGNOS. Pero bueh, ahora ya tengo bien hecha la idea de que ese sentimiento nació cuando Alec nació, y nunca se va a ir; él es menor, yo mayor, y son cosas de hermanos.

Hubo un tiempo -por finales de agosto, principios de septiembre- en el que comencé a sentirme rara con respecto al novio. Y con respecto al mundo. Quiero decir, el mundo me veía como si supieran algo que yo no. Me trataban como si estuviera herida, o no sé. Total, no estoy yo para contarles ni ustedes para saberlo, pero no se las voy a hacer larga. Un día, ya enfadada del trato recibido por todos, senté a Aylin en la banca y le dije que no se iría de ahí hasta que me contara qué estaba pasando. Con muchas barreras, terminó por decirme absolutamente todo. En vacaciones me habían engañado, o como comúnmente se dice, me habían puesto los cuernos.

Al principio, después de la revelación, todo tuvo sentido. Desde el distanciamiento con el supuesto novio hacía varias semanas. No actué de manera despechada, o mucho menos. No quiero decir que no me dolió, porque sí, poquito varias semanas después. El hecho es que el día del 212 de aquél año, el siete de septiembre, antes de que yo lo hiciera en persona, él terminó la relación por la conocida red social, Facebook. Triste, inmaduro. Ñah, ahora me muero de la risa, porque es gracioso que pensara otra manera de solucionarlo tratándose de él. Lloré menos de lo que en las novelas dicen que lloras, principalmente porque yo ya tampoco sentía lo mismo. En fin.

(ARG, yo quería terminar con el semestre completo en un sólo capítulo, pero la estética me dice que se vería muy apretado, así que lo voy a dejar hasta aquí).

(No crean que todo en mi vida es un drama -bueno sí, pero no todo lo merecía-, está a punto de venir una parte un poco más iluminada) (Bueno, hasta la siguiente despedida fatal en mi vida)









La novatada. Soy la loca de rayas rojas y blancas.







El día de mi cumpleaños número 16 cuando era gorda y tenía unas flores. Me la pasé casual. (Chiste local).





Lo que les comenté de la caída del caballo aquél ocho de agosto. En el hospital.

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