6: Kit de picnic.

Muy buenos días -ahorita que lo escribo es de día- lectores queridos. Como les prometí, hoy toca hablarles de tercero de secundaria. Este fue un año, ¿cómo decirlo?, rebelde; en el sentido chafa de la palabra, en el sentido de verse cul e intentar ser aceptada por la gente puesto que mi situación en casa era un reverendo caos. Pero sobre todo, este año siempre estuvo dividido en dos. Lo recuerdo como en dos pedazos grandes, como si hubiera tenido cuatro años de secundaria en total. Ahora les explico.

Fue el ciclo escolar 2011-2012. Un año de cambios intensos. Intentos de depresión. Ignorancia y mediocridad absoluta. Fijación por el desmadre. Intenciones de dejarlo todo. La adolescencia en su clímax. El sentimiento que reprimí por a mudanza de la escuela. La crisis de SIGNOS. El término irremediable de la añorada secundaria. La decisión de seguir con todo.

En mi libreta de pantalón de mezclilla -la de tercerito (ito porque es secundaria)- casi no hay rastros de todo lo que sufrí. No quería escribir nada. No deseaba dejarlo escrito para mi futuro incierto. Pero no bastó, porque el recuerdo de la separación de mis padres sigue ahí, la violencia verbal y psicológica que trajo a mi vida, también sigue ahí. La incertidumbre y mi fragilidad quedaron para siempre en mí.

PRIMERA PARTE DE TERCERITO, ANTES DE LA NUEVA ESCUELA:

Ángela y yo nos convertimos en eternas amigas desde el primer semestre. No sabíamos estar separadas, supongo, porque no recuerdo un minuto de aquél semestre en el que brillara por su ausencia. Formamos un pequeño grupito de amigos cuando entraron a la escuela los de "primerito forever", es decir, Luca, Ochoa, Ponchin. Mi mamá alguna vez creyó que éramos pedófilas Angela y yo. Obviamente no era así. Pasábamos en el recreo a los famosos "Tacos Rafa", a escondidas obviamente, porque mi mamá seguí sin darme el permiso necesario para salir. Faltábamos a clases en la azotea del baño de hombres para sentirnos -y realmente creíamos serlo, quiero decir, teníamos un grupo en Facebook que tenía ese nombre- cholos. Aquí fue cuando Emilio se comenzó a integrar. Era un chico de segundo se secundaria nuevo en la escuela, cabello chino chino, color moreno obscuro, simpático, pues. Éramos los seis inseparables.

El punto incómodo pero necesario de esta parte el capítulo era aclarar que ese niño comenzó a gustarme un poco. -Finjamos todos que sólo fue un poco-. Como verán, ahora puedo hablar muy libremente del tema, puesto que han pasado muchos años y todos están más que enterados. Incluso él.

Aquí va la historia: yo no lo hacía en mi vida al principio del año, pero estuvo de aventado los primeros meses, primero lo intentó en un periodo de español, luego en uno de biología. Todavía recuerdo la ocasión en que era cumpleaños de Luca, yo falté a ese trabajo personal y Emilio estaba chillando -hasta me mandó un mensaje sufriendo- porque lo había abandonado, según él. Hablábamos día, tarde y noche por Facebook, le daba "me gusta" a todas mis fotos, y hasta cuidamos en una fiesta de quince años la borrachera de nuestra amiga Angela. Peeeeero llegó el momento en el que me harté por ser tan lento y decidí seguir con mi vida considerándolo un amigo más.

Para esas fechas -antes de desecharlo de mi vida- mis padres se separaron. No tengo palabras para describir la situación familiar aquél día de la cruda noticia. Y la cenaduría. El hecho es que cambió mi vida para siempre. Mi progenitor se fue de la casa y nosotros tres -mi hermano Alec, mi mamá y yo- nos quedamos en esa casa que estaba como a hora y media de la civilización. Pero duró poco aquella rutina, porque pocos meses después comenzamos a convivir mucho con Rogelio y Erandi, quienes ahora son mi Papapo y mi hermana respectivamente. Mi hermano y yo seguíamos conviviendo con nuestro progenitor durante esta primera parte de trecerito, pero en cuando fue la mudanza hacia la nueva escuela, las situaciones de la vida hicieron que nos separáramos de caminos. No diré más del tema. A excepción de que en febrero de ese mismo año nos mudamos por una situación de emergencia a la casa de Ro. Y aquí seguimos, ahora como toda una familia reconstruida.

A finales de enero de aquél año sucedió algo que jamás hubiera querido que ocurriera. Angela se salió de la escuela y me avisó una tarde vía mensaje sms. Lloré como Magdalena y no quería volver a la escuela. Mi panda, mi mejor amiga me había abandonado. Y yo creí que la perdería para siempre, que su salida me llevaría a su olvido. Que jamás la volvería a ver. Pero al contrario. Hablábamos todos lo días por teléfono, le contaba todos los chismes de la escuela y salíamos a mis primeras fiestas juntas.

También en esa primer parte mi tercerito me llegó a gustar un pelirrojo -todos saben su nombre-, se corrió el chisme de que me había "estrenado", porque todos decían que era la única del salón quién no había dado su primer beso. Realmente jamás ocurrió. Fue una verdadera tontería. Estaba su mano en medio y fue una simple apuesta entre Angela y el tipo este. Renée, que para aquellas fechas sólo me hablaba para molestar, fue quien se encargó de arruinar mi enamoramiento, confesándole al pelirrojo -durante una clase de rojo, el 22 de marzo, lo recuerdo muy bien- mi oculto amor. Me recuerdo hiperventilando en el baño de niñas llamándole a Angela sin saber qué hacer y Renée pidiéndome perdón desde el otro lado de la puerta. Y así termino también mi historia con él.

Después llegaron las vacaciones de semana santa, es decir, la mudanza de la escuela. Lloré otra vez como Magdalena, porque iba a extrañar mucho esa puerta, esa casa vieja que fue parte de mí durante mi metamorfosis intensa de niña a adolescente. Ahora sé que sí se sufren esas cosas. Que aunque hayan pasado años, te acordarás del viejo SIGNOS y su olor. Que tendrás que aprender a buscar nuevas tradiciones, nuevos lugares, nuevos escondites y nuevas maneras de apropiarte un lugar. De darle identidad a esa nueva escuela que nadie conocía terminada.








Angela y yo siendo felices en el viejo SIGNOS; antes de su abandono.



De derecha a izquierda; Luca, Angela, Ponchin, Ochoa y yo.

Los de primerito forever y nosotras la inseparables. En el viejo SIGNOS.




Aquí Luca, yo y Angela.

"La nutria", "La paleta", dice en el Facebook acerca de Luca y yo.





Y aquí Emilio, Angela y yo el día de mi cumpleaños número catorce.

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